“En esta búsqueda por renombrar mi práctica con el fin de sentir que honraba todos los aspectos implicados en el ejercicio de mi metodología, creé un concepto que también abría puertas a una relación menos fría, menos jerarquizada y más humana: la logopeda amiga…”

De la logopedia a la vocología, pasando por el coaching vocal y la logopedia emocional, así es como defino hoy mi práctica. 

Hace ya varios años que siento que la logopedia no es completamente representativa de mi práctica. Por ello, he intentado alejarme del aspecto más patológico y (para)medical de esta disciplina, comenzando por el lenguaje empleado en mis sesiones y cuando hablaba del trabajo que ejercía. 

También me he alejado del carácter sanitario poniendo de relieve el aspecto más emocional y humano de mi práctica. Esto me ha llevado a calificar mi práctica como LOGOPEDIA EMOCIONAL. Sin embargo, la palabra logopedia todavía no definía adecuadamente la esencia de mi trabajo… Por ello, he avanzado año tras año en la búsqueda de un término que calificara de manera correcta y coherente el trabajo que ejerzo a diario a nivel vocal, humano, emocional, personal, terapéutico… con el objetivo de valorizar al máximo mi práctica, pero también con la idea de presentarla tal como es para que sea comprendida, respetada y preservada.

LA LOGOPEDIA EMOCIONAL

UN LENGUAJE MÁS ADECUADO

Hace unos años, reemplacé la palabra paciente por la palabra aprendiz (excepto en los casos en los que mi compañero Damián, especializado en patología vocal y optimización de la voz, intervenía para corregir, compensar, curar aspectos de orden patológico o relacionados con la salud vocal entre las personas que deseaban feminizar su voz). Me parecía más adecuado y más adaptado emplear el término aprendiz para designar a personas que aprendían conmigo en sesión a entrenar y a modificar su voz para encontrar un equilibrio coherente entre su identidad, su personalidad y esta nueva dinámica vocal. El término aprendiz, por lo tanto, dejaba de lado el aspecto sanitario, despatologizaba al/a la/a lx aprendiz y abría la puerta al aprendizaje.

 LA LOGOPEDA AMIGA

En esta búsqueda por renombrar mi práctica con el fin de sentir que honraba todos los aspectos implicados en el ejercicio de mi metodología, creé un concepto que también abría puertas a una relación menos fría, menos jerarquizada y más humana: la logopeda amiga. 

En efecto, el aspecto sanitario, el vínculo terapeuta-paciente, la jerarquía que se instalaba a través de los términos como paramédico, logopedia, consulta, paciente … no encajaban en absoluto en mi mundo. Estos términos no eran para nada representativos de mi práctica diaria. 

Cuando era estudiante, mis profesores y superiores jerárquicos me dejaron bien claro que no debía entablar una relación personal con lo.a.x.s pacientes. Sin embargo, desde el inicio de mi carrera, decidí cambiar completamente de bando embarcándome en una relación muy cercana con todas las personas con las que he trabajado. Opté por una relación de confianza y sinceridad, una relación que, durante algunos meses, se acercaba a la amistad. Una relación definida como de apoyo, de motivación, de confianza… una relación que nos permitiría alcanzar un objetivo común: desarrollar todo el potencial vocal, emocional e identitario del/de la/de lx aprendiz.

 LA VOZ EMOCIONAL

Desde el primer día en que comencé a trabajar la voz, me di cuenta de la existencia de un elemento muy presente en las sesiones. Se trataba de un elemento sensible, individual y personal para cada uno de nosotro.a.x.s. Comencé a comprender que este elemento era totalmente inseparable de la voz, definida como un conjunto de elementos acústicos perceptibles por el oído humano, que transmitía un mensaje escuchado en una situación global de comunicación.

Este elemento es la emoción.

En efecto, cuando empezamos a darnos cuenta de que no se puede disociar la voz de las emociones, que no se puede reducir el ser humano a los sonidos que emite, que no se puede trabajar la voz sin tener en cuenta el universo de la persona que la produce, nuestro mundo cambian por completo y nuestra práctica también. 

Así nace la voz emocional.

  • La voz emocional no es más que el reflejo del lado más humano de la voz.  La emoción es a la voz lo que la vida es al ser humano: trascendental, existencial, vital.

  • La voz emocional es entender que no se puede trabajar la voz de manera puramente anatómica, física, fisiológica o acústica. Hay que interesarse por el mundo que rodea al emisor, comprenderlo y comprender el impacto de éste en su sensibilidad y emotividad; hay que ponerse en su lugar para sentir, percibir, expresar.

  • La voz emocional es descubrir la personalidad detrás de la persona. Ya sea a través de rasgos de carácter, comportamientos o actitudes, la voz es sin duda el reflejo más claro y representativo del ser humano. Puede ser un reflejo de cómo vivimos el mundo. Sin embargo, la voz rara vez miente, pero a menudo traiciona.

  • La voz emocional es captar cada emoción, no solo en su intensidad o complejidad, sino también en su significado y en su impacto en el ser de voz. El universo nos ha hecho distinto.a.x.s, y también lo somos frente a las emociones. Cada uno de nosotros tiene su propio código emocional y es a través de ese código que expresamos lo que somos, lo que sentimos, lo que percibimos. No expresamos todo.a.x.s nuestras emociones de la misma manera, nunca saludamos dos veces de la misma manera a la misma persona porque la multitud de elementos que confluyen en un momento determinado es casi única, irrepetible.

  • La voz emocional no es solo comprender las emociones o cómo afectan al ser humano, es también comprender la identidad, la unicidad, el vínculo entre esta identidad y la personalidad, cómo se forja esta última, cuáles son los elementos que la definen, y todo esto, por supuesto, en una ecuación en la que el entorno, la educación, la cultura y la sociedad tienen un lugar extremadamente importante como elementos de influencia.

COACHING EN EQUILIBRIO VOCAL, EMOCIONAL E IDENTITARIO (COACHING E.V.E.I.)

Siempre en busca de un término que pueda representar mi práctica alejándome de la patología, de la frialdad ligada a la paramédicalización excesiva, un término que ponga de relieve una práctica humana, relajada y emocionalmente implicada, opté, hace algún tiempo por definir mi práctica como “coaching vocal”.

Preocupada por encontrar una terminología que pusiera de relieve, entre otras cosas, el aspecto del aprendizaje, del descubrimiento y la exaltación del potencial vocal, me fijé en el sentido mismo de la palabra coaching

Desafortunadamente, este término es a menudo mal entendido, mal utilizado e incluso a veces de manera peyorativa. Sin embargo, cuando nos fijamos en la verdadera semántica de este vocablo, encontramos aspectos extremadamente positivos como el entrenamiento, el acompañamiento, la realización, el rendimiento, el desarrollo, el éxito… Elementos que se encuentran plenamente en mi práctica diaria. A final de cuentas, soy una guía, una persona que acompaña, que motiva, que ayuda a alcanzar el éxito, el rendimiento, que promueve el desarrollo de uno mismo, el logro… y todo esto a través de un entrenamiento personalizado, libre y eficaz.

Así, opté por definir mi coaching como Coaching en Equilibrio Vocal, Emocional e Identitario (Coaching E.V.E.I.), presentado como un entrenamiento completo que destaca el lado más humano y emocional del entrenamiento vocal. También destaqué el hecho de que este coaching se alejaba del binarismo omnipresente en la apelación feminización de la voz, incluyendo así el aspecto más satisfactorio de un acompañamiento personalizado y basado en la personalidad e identidad del aprendiz.

Sin embargo, el término coaching, aunque incluía términos muy positivos, no parecía incluir los conceptos de investigación o estudio, Es decir, ese lado un poco más científico que permite avanzar proponiendo respuestas numéricas y estudios que prueban la eficacia de mi método. Hay que decir que, aunque no soy para nada científica, cuento a mi alrededor con mucha gente que cree en mi trabajo y que, a lo largo de estos últimos años, han permitido que se realicen estudios para probar la eficacia del método Astudillo. Deseo dar las gracias a la profesora Dominique Morsomme que, a través de la Universidad de Lieja, ha permitido que se emprendieran estudios para demostrar, no sólo la eficacia de mi trabajo, sino sobre todo que la feminización de la voz es realizable sin intervención quirúrgica.

LA VOCOLOGÍA

Según el documento escrito por Joana Revis en 2013, el término vocología es utilizado por primera vez en 1989 en los Estados Unidos. En 1992 se publicó un primer artículo científico en el que se destacaba la vocología como campo de especialidad, derivado de un programa de estudio en 1993. La vocología se presentaba como el estudio de la fonación, es decir, el estudio (ciencia) de la voz y de todos los procesos implicados en el gesto vocal, practicado por pedagogos y profesionales de la voz, como logopedas o foniatras.

Debo decir que cuando leí este documento por primera vez, me sorprendió gratamente la definición de vocología presentada por Joana Revis. La vocología parecía definir a la perfección mi práctica diaria:

“La vocología se distingue de la logopedia clásica por la idea de intervenir en individuos que no tienen necesariamente «trastornos» de la voz, en el sentido patológico del término, sino necesidades específicas de comunicación o de uso vocal.” 

Siempre he definido mi práctica como poco o nada convencional. Descubrir que existía una disciplina que se alejaba de la logopedia “clásica” manteniendo una credibilidad profesional me llenaba de alegría y de alivio. A menudo he tenido la sensación de luchar sola contra un esquema clásico de intervención, tratando de legitimar mis acciones, mis herramientas, mi saber hacer. Y entonces, de repente, una pequeña luz vino iluminar mis batallas, mis más firmes creencias, mis reflexiones profesionales y vitales.

En este documento, Joana plantea el hecho de que los límites entre la vocología (intervención a nivel de la voz) y la logopedia (reeducación de la voz) son borrosos. Así, la vocología engloba técnicas de logopedia en lo que respecta a la voz, pero no solo, ya que también remite a técnicas relacionadas con la práctica del teatro, del arte oratorio, del canto… 

Efectivamente, ya hace varios años que defiendo que existe una gran diferencia entre la práctica que ejerzo cotidianamente con mis pacientes/aprendices en el sector de la feminización de la voz, y la práctica tradicional de la logopedia, que tiene por objeto reeducar, es decir, restablecer un estado anterior. En efecto, no curo, no reeduco; entreno, exalto un potencial, ayudo a desvelar, a descubrir y a dar aliento a talentos ocultos, libero la voz, el espíritu, la identidad, las emociones…

Según Joana, la vocología también se distingue de la pedagogía vocal clásica o del coaching por su aspecto científico, destacando el hecho de que los vocólogos o vocologistas son ante todo científicos, investigadores. Cualquier persona que trabaje la voz puede ser vocólogo o vocologista siempre que tenga un razonamiento científico válido y validado en la voz.

Para citar a Joana Revis:

“El enfoque vocologista es un enfoque holístico que tiene en cuenta al individuo en su función social y sus posibles especificidades.” 

Y eso es exactamente lo que hacemos cuando trabajamos la voz identitaria, es decir, nos aseguramos de optimizar el gesto vocal del/de la/de lx aprendiz para aumentar su nivel de bienestar durante los intercambios de comunicación. Procuramos fortalecer y enriquecer la producción vocal del aprendiz induciendo una modificación anatómica (muscular) y prosódica que le permita encontrar una simbiosis entre su identidad, su personalidad, su voz y las exigencias/normas sociales.

Por lo tanto, creo que estoy en lo cierto cuando digo que la feminización de la voz se acerca más a la vocología que a la logopedia, esta última dirigida más a reeducar que a educar las voces. Es también aquí donde uno se aleja de la salud para acercarse al entrenamiento (training), manteniendo el lado científico, anatómico, fisiológico, permitiendo también legitimar el trabajo hecho a nivel emocional, psicológico, identitario.

Según el documento escrito por Joana Revis en 2013, el término vocología es utilizado por primera vez en 1989 en los Estados Unidos. En 1992 se publicó un primer artículo científico en el que se destacaba la vocología como campo de especialidad, derivado de un programa de estudio en 1993. La vocología se presentaba como el estudio de la fonación, es decir, el estudio (ciencia) de la voz y de todos los procesos implicados en el gesto vocal, practicado por pedagogos y profesionales de la voz, como logopedas o foniatras.

Debo decir que cuando leí este documento por primera vez, me sorprendió gratamente la definición de vocología presentada por Joana Revis. La vocología parecía definir a la perfección mi práctica diaria:

“La vocología se distingue de la logopedia clásica por la idea de intervenir en individuos que no tienen necesariamente «trastornos» de la voz, en el sentido patológico del término, sino necesidades específicas de comunicación o de uso vocal.” 

Siempre he definido mi práctica como poco o nada convencional. Descubrir que existía una disciplina que se alejaba de la logopedia “clásica” manteniendo una credibilidad profesional me llenaba de alegría y de alivio. A menudo he tenido la sensación de luchar sola contra un esquema clásico de intervención, tratando de legitimar mis acciones, mis herramientas, mi saber hacer. Y entonces, de repente, una pequeña luz vino iluminar mis batallas, mis más firmes creencias, mis reflexiones profesionales y vitales.

En este documento, Joana plantea el hecho de que los límites entre la vocología (intervención a nivel de la voz) y la logopedia (reeducación de la voz) son borrosos. Así, la vocología engloba técnicas de logopedia en lo que respecta a la voz, pero no solo, ya que también remite a técnicas relacionadas con la práctica del teatro, del arte oratorio, del canto… 

Efectivamente, ya hace varios años que defiendo que existe una gran diferencia entre la práctica que ejerzo cotidianamente con mis pacientes/aprendices en el sector de la feminización de la voz, y la práctica tradicional de la logopedia, que tiene por objeto reeducar, es decir, restablecer un estado anterior. En efecto, no curo, no reeduco; entreno, exalto un potencial, ayudo a desvelar, a descubrir y a dar aliento a talentos ocultos, libero la voz, el espíritu, la identidad, las emociones…

Según Joana, la vocología también se distingue de la pedagogía vocal clásica o del coaching por su aspecto científico, destacando el hecho de que los vocólogos o vocologistas son ante todo científicos, investigadores. Cualquier persona que trabaje la voz puede ser vocólogo o vocologista siempre que tenga un razonamiento científico válido y validado en la voz.

Para citar a Joana Revis:

“El enfoque vocologista es un enfoque holístico que tiene en cuenta al individuo en su función social y sus posibles especificidades.” 

Y eso es exactamente lo que hacemos cuando trabajamos la voz identitaria, es decir, nos aseguramos de optimizar el gesto vocal del/de la/de lx aprendiz para aumentar su nivel de bienestar durante los intercambios de comunicación. Procuramos fortalecer y enriquecer la producción vocal del aprendiz induciendo una modificación anatómica (muscular) y prosódica que le permita encontrar una simbiosis entre su identidad, su personalidad, su voz y las exigencias/normas sociales.

Por lo tanto, creo que estoy en lo cierto cuando digo que la feminización de la voz se acerca más a la vocología que a la logopedia, esta última dirigida más a reeducar que a educar las voces. Es también aquí donde uno se aleja de la salud para acercarse al entrenamiento (training), manteniendo el lado científico, anatómico, fisiológico, permitiendo también legitimar el trabajo hecho a nivel emocional, psicológico, identitario.

CONCLUSIÓN

Cuando empecé en el campo de la feminización de la voz hace casi 18 años, la logopedia parecía capaz de responder a esta demanda proveniente principalmente de mujeres transgénero. Pero hoy, me parece que la logopedia clásica tiende más a curar y a reeducar los casos relacionados con la patología. Sin embargo, esto no implica que los logopedas, fonoaudiólogos o logopedistas no puedan feminizar las voces, sin embargo, la feminización de la voz no es exclusiva de la logopedia. De esta manera, cualquier persona con una formación profesional y conocimientos anatómicos, fisiológicos y vocales suficientes podrá ser competente para proporcionar el apoyo y la ayuda necesarios a las personas que deseen modificar su voz a nivel identitario.

Hoy concluyo que mi práctica se acerca más a la vocología que a la logopedia. Actualmente no es necesario disponer de un diploma para ser considerado vocólogo o vocologista, sino de un bagaje científico fusionado armoniosamente con una práctica profesional vinculada a la voz y conocimientos que pueden ser tanto logopédicos, como relacionados con el canto, el arte oratorio, la voz en general.

Mariela Astudillo Logopeda especializada en feminización de la voz

ARTÍCULO ESCRITO POR

MARIELA ASTUDILLO

Logopeda especializada en feminización de la voz, autora de la Logopedia Emocional y del Método Astudillo

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