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Lucy Hicks Anderson: del reconocimiento a la caída social

«Desafío a todos los médicos del mundo a demostrar que no soy mujer. He vivido, me he vestido, he actuado como soy, una mujer.»

 

 

Lucy Lawson nació en 1886 en el condado de Kentucky. De joven, vestía vestidos y pidió que se la llamara Lucy. Su madre, preocupada, consulta entonces al médico de familia, que muestra una gran tolerancia y comprensión en la época en que la transidentidad es casi desconocida. En efecto, este último aconseja a la madre de Lucy que respete el deseo de su hija.

Lucy Hicks Anderson decide dejar la escuela joven y se convierte en sirvienta. Luego se trasladó a Texas, donde trabajó en un hotel durante varios años. Más tarde tomó el nombre de Lucy Beasley, se mudó a Nuevo México y conoció a su futura esposa, Clarence Hicks. Con quien se instaló en California.

Vida en California

Lucy Hicks Anderson continúa trabajando como ama de llaves, niñera y cocinera. Muy dotada en el campo de la cocina, se convierte en una referencia local; organiza banquetes y recepciones para personalidades influyentes de la ciudad. Durante treinta años, se encarga de cenas mundanas, bodas, grandes festividades… Lucy Hicks Anderson también destaca por su elegancia natural, lo que la lleva a vestir a las mujeres de la alta sociedad.

Compra una pensión familiar y la convierte en un burdel. Esta empresa tendrá tanto éxito que crecerá rápidamente. Al mismo tiempo, Lucy Hicks Anderson vende alcohol en un momento en que está prohibido. Atrapada en el acto, escapa por poco de la condena gracias a sus conocimientos de alto nivel.

Lucy Hicks Anderson también es conocida por sus obras de caridad. Es muy generosa con muchas asociaciones como la Cruz Roja. Es reconocida como una persona mundana y organiza recepciones filantrópicas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, organizó grandes fiestas en apoyo de los soldados y apoyó a las familias en duelo.

En 1929 se divorcia de Clarence Hicks y en 1944 se compromete con Reuben Anderson, un joven marino.

La revelación pública

En 1945, los casos de infecciones sexuales se extendieron por la costa oeste. Se inició una investigación y el burdel de Lucy Hicks Anderson fue atacado, ya que un marinero afirma haber estado enfermo tras su paso por este burdel.

Por lo tanto, el fiscal pide que todas las prostitutas se sometan a un examen médico, incluida Lucy, que no era prostituta.

Después de este examen, varios médicos citan a Lucy como hombre. Este examen se hace público y sorprende a toda la comunidad que hasta entonces ignoraba el verdadero género de Lucy. Dos semanas más tarde, el periódico local publicó un artículo al respecto.

La sentencia

Después de este episodio, Lucy Hicks Anderson es arrestada por perjurio. Según el fiscal, mintió sobre su sexo y, en consecuencia, sobre sus papeles de matrimonio, haciéndose pasar por mujer. Será puesta en la sección masculina de la prisión.

Tres días más tarde, Lucy es puesta en libertad bajo fianza, pero es vigilada por el FBI por sus acciones militantes, en particular por insumisión militar. Con la ayuda de su abogado, Lucy sale de sus problemas.

Sin embargo, unos días más tarde, es acusada de nuevo por otro hecho: habría desviado los subsidios financieros destinados a las esposas de los soldados. Esta grave acusación amenaza con volver a encarcelar a Lucy. Además, es procesada de nuevo por perjurio en su matrimonio.

El juicio

Lucy Hicks Anderson será la primera persona transgénero en los Estados Unidos en defender sus derechos en un tribunal, frente a la criminalización de las identidades de género no normativas. Durante todo su proceso, defiende su identidad de mujer. En particular, declara:

«Desafío a todos los médicos del mundo a demostrar que no soy mujer. He vivido, me he vestido, he actuado como soy, una mujer.»

Durante el juicio, se pidió a cinco médicos que entregaran su informe sobre el examen de Lucy. Según ellos, no se trataría de un caso de intersexualidad, pero sí de un hombre.

La defensa solicita la opinión del ginecólogo William T. Rothwell. Según él, Lucy podría ser “doble sexo” y tiene la apariencia de una mujer. Admite que, si no hubiera tenido información sobre la historia pasada de Lucy, seguramente la habría tomado por un hombre. Le toca concluir con estas palabras: Su apariencia no es diferente de la de una mujer… Teniendo en cuenta su pasado, creo que presenta a la vez características femeninas y masculinas, con predominio femenino.» Su caso también es calificado repetidamente de inversión sexual.

El 27 de noviembre de 1945 tiene lugar la deliberación. Corresponde al jurado decidir si Lucy Hicks Anderson tiene derecho a continuar su vida como mujer y a ocupar los ambientes reservados a las mujeres como los baños.

El abogado de Lucy pide que se la indulte, ya que su identidad de género no ha causado hasta ahora ninguna perturbación en la comunidad local. El fiscal señala que, en efecto, esta “farsa no ha hecho daño a nadie.”

Sin embargo, después de una larga deliberación, el jurado decide juzgar a Lucy culpable. Es condenada a un año de prisión y diez años de libertad condicional. Es reconocida como hombre por la ley, lo que anula de hecho su matrimonio, ya que en esa época estaba prohibido casarse entre hombres. Consiguió que le levantaran la libertad condicional si dejaba la ciudad.

Repercusión mediática

Lucy Hicks Anderson habría marcado los espíritus de la época por su condición de afroamericana para algunos, pero para otros es sobre todo su estilo muy personal, elegante compuesto de vestidos de seda, motivos florales, pelucas coloridas, zapatos de tacón alto, etc. que habría hecho de ella una figura de admiración.

Al principio, este aspecto fascina a los periodistas que asisten al juicio. Pero con el tiempo, la prensa se vuelve más dura cuando Lucy la describe como un hombre. Se niegan a llamarla por su nombre y ponen los pronombres femeninos que la designan entre comillas como para cuestionar su identidad de género. Los medios de comunicación incluso mencionan a Lucy como John Doe. Este ensañamiento mediático crea en el seno de la ciudad un gran rechazo por parte de los habitantes hacia Lucy.

La vida en prisión

El 20 de diciembre de 1945, Lucy Hicks Anderson entra en prisión. Le está prohibido llevar ropa femenina. Sin embargo, los reclusos siempre la consideraban una mujer y la apreciaban por sus atenciones. Le gustaba especialmente cocinar para ellos.

Lucy tiene que dejar la ciudad

Al salir de la cárcel, a Lucy se le prohíbe por orden del tribunal volver a la ciudad. Durante 30 años fue desterrada de la ciudad, donde había estado muy integrada en los círculos mundanos por sus diversas acciones. La mujer involucrada en la sociedad, respetada por todos, ahora es vista como un hombre degenerado.

El Estado la penaliza y anula todos los documentos oficiales que la reconocen como mujer para sustituirla por la condición de hombre. Después de todos estos años de reconocimiento y éxito, Lucy conoce una muerte social real.

Finalmente se mudó a Los Ángeles con su compañero Reuben Anderson. En 1953, regresó a Oxnard, su ciudad de corazón, con un bebé en brazos, pero su destierro sigue en marcha y la policía pide a Lucy que abandone la ciudad.

Murió un año más tarde en Los Ángeles, sola, a la edad de 68 años.

Conclusión

Lucy siempre ha sabido ocultar su verdadera identidad de género en una sociedad que niega por completo la existencia de las personas transgénero. Logró hacerse un lugar en los círculos mundanos muy cerrados por sus diversas acciones sociales y fascinaba por su feminidad y su gracia. El descubrimiento de su identidad le ha perjudicado mucho y ha sufrido el ostracismo de toda una ciudad que la había adorado en el pasado. Fue la primera mujer estadounidense que se defendió de ser una mujer implacablemente ante los tribunales, incluso cuando estaba en la cárcel donde encontró el apoyo de sus compañeros detenidos.

 
FUENTES
https://www.bing.com/search?q=lucy+hicks+anderson&form=ANNTH1&refig=088d590ef27646659610e148d1d37856 
IMAGEN
https://getmaude.com/blogs/themaudern/lucy-hicks-anderson
https://www.washingtonpost.com/lifestyle/2022/02/19/black-lgbtq-pioneers-for-black-history-month/
 

 

Khadija Houmimi

ARTÍCULO ESCRITO POR

KHADIJA HOUMIMI

Redactora, traductora y filóloga en lenguas francesa y española

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